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Generalmente todos seguimos patrones al momento de escoger a las personas con las que estableceremos una relación. Estos no son meramente físicos como muchos piensan. 

Tendemos a pensar que cuando buscamos una pareja lo hacemos de manera objetiva y consciente de lo que queremos, creemos que esa persona nos llama la atención porque tiene características particulares como por ejemplo: es cariñosa, simpática, alegre, directa, entre otras, esto debido a un esfuerzo consciente de entender qué nos une a esa persona. Cuando lo que realmente sucede es que nuestro inconsciente reconoce los patrones que teníamos en relaciones anteriores y como es lo que conoce, trabaja y actúa a su favor y esto hace que nos atraiga.

El peligro está en que si nos dejamos llevar, caeremos en el mismo tipo de dinámica relacional de la que acabamos de salir. Si esta nueva relación lo que nos brinda son características similares a las anteriores entonces podemos estar seguros de que no es lo que buscamos, y será crónica de un fracaso anunciado. 

El primer paso para conseguir una relación sana y estable es conocernos a nosotros mismos, de esta manera podremos saber lo que queremos y cómo reconocerlo, y si aún no lo sabemos, pues por lo menos tener claro lo que no deseamos. Cuando conozcamos a una persona que podría ser una buena opción, nuestro mejor aliado será el tiempo. El tiempo nos ayudará a tratarlo y conocerlo con el fin de ver si es lo que realmente creemos que es. Muchas veces el conocer a alguien nuevo que nos resulta interesante hace que la emoción y la atracción inicial nos cieguen. Idealizando al otro, creemos que es la pareja ideal, cuando en realidad no se asemeja a lo que realmente necesitamos y queremos. 

Las relaciones más sanas para ambos miembros de la pareja son las que ninguno trata de cambiar al otro, donde no existen descalificaciones sino respeto, amor y compromiso. Tratemos a partir de ahora que los que escojan no sean los impulsos y la pasión que sentimos temporalmente; sino que lo hagamos nosotros mismos conscientes de quién es el otro, lo que buscamos, de lo que podemos brindar al otro y lo que no estamos dispuestos a negociar y viceversa.  Para elegir, apoyémonos en la comunicación, los valores en común, las expectativas a futuro y el compromiso relacional. 

La mejor forma de invertir en una relación actual o futura es trabajar primero en nosotros mismos, acércate a un profesional de la salud mental para que te brinde apoyo y orientación, de esta manera aprenderás a identificar cuáles patrones has seguido, cómo modificarlos y conseguir cambios significativos en tu dinámica relacional.

 

Camille Gutiérrez K.
Psicóloga Clínica Máster en Intervenciones en Crisis y Traumas
Máster en Psicología de la Intervención Social