Resultado de imagen de relacion de padres con su hijo adulto

 

Cada etapa de la vida del hijo requiere un manejo distinto. Un adolescente crece para convertirse en un adulto.

Muchas familias entran en crisis, ocasionando confusión en los padres debido a que “su niño” creció y demanda mayor independencia.

La educación del hijo debe ser con el fin de que se entrene para la vida. Los valores, principios, educación y buen modelo que recibe de los padres debieran encauzarlo por el mejor camino.

Dependiendo de cómo ha sido el vínculo con el hijo, será vista la separación por los padres.
Si hay un apego ansioso, será más difícil la separación.
Si hay cercanía balanceada con distancia, será menos traumático vivir este distanciamiento.

Separación física no implica separación emocional. Puede mantener una comunicación abierta, aún se encuentre lejos o una comunicación donde impere el control. Ésta última no es saludable para el padre, ni para el hijo. El padre estaría muy tenso y el hijo no acabaría de romper el “cordón umbilical”  lo cual es vital para desarrollarse por sí mismo.

Es necesario entender que así como los padres se independizaron de sus propios progenitores, hay un tiempo en que le toca al hijo. Él necesita trillar su propio camino y crear sus propias sendas. El saber que papá y mamá están ahí para él, pero ahora desde otra postura, fortalece su confianza y no le permite sentirse solo. Sabe que cuenta con ellos.

Es importante hacerle entender que deberá asumir las consecuencias de sus decisiones y que será tratado como adulto que es. Pensar bien antes de actuar o medir los posibles efectos de una decisión le ayuda a ponderar qué será más conveniente.
Permita que viva las consecuencias de sus decisiones. Siendo adulto joven adquiere nuevos derechos y así mismo, esto implica asumir nuevos deberes.

Muéstrele su apoyo, hágale saber que confía en su buen raciocinio para asumir su vida con responsabilidad. Traer ejemplos concretos sobre drogas, sexo, amigos con los que se relaciona, etc. Puede dar lugar a una conversación nutridora. Permita que él responda qué pasaría si sucede tal o cual cosa, con referencia a estos temas. No dé consejos. Deje que él hable. En este caso llegará a conclusiones que podrá internalizar mejor; le ayuda a tomar más conciencia, a acabar de entender que se trata de sus acciones y las implicaciones.

Propicie conversaciones amables con su hijo, fuera de un momento de tensión por sus desacuerdos, puede lograr un buen resultado.

Las reglas para el hijo deben ir variando y siendo flexibles a medida que crece.

Personas Sólidas forman Familias Sólidas y estas construyen una Sociedad Sólida.

 

Betania Cruz Fernández⠀
Trabajadora Social
Máster en Terapia Familiar Sistémica
Coach Espiritual
Directora de «Familia y Terapia»⠀