«La violencia contra un niño nos parece más aceptable cuando el agresor es un padre, que cuando es un desconocido. Jamás permitiríamos que un extraño le pegue a un hijo nuestro.»

Y para el niño, ¿qué es más aceptable? La agresión de un desconocido puede causar dolor físico y miedo…pero del propio padre!? Al dolor y al miedo se unen el asombro, la confusión, la culpa… 

«Un extraño sólo golpea el cuerpo; un padre, además golpea el alma». (Carlos González) Decimos: NO a los golpes. La educación no debe estar enfocada en el uso de la fuerza para lograr obediencia; en el terror y el miedo a papá, a mamá. Los niños deben ser educados, precisamente, porque vienen sin educación, pero educarlos, no debe ser la excusa para los padres expresar su ira y frustración, sus desacuerdos y decepciones, sus cansancios y agotamientos…

Es más fácil abusar del poder para amedrentar, que tomarse el tiempo para asumir la autoridad con seriedad y responsabilidad. No se tenga miedo a usted mismo. Reconozca que la paternidad le otorga el derecho de establecer reglas y HACERLAS cumplir. Aprenda a ser efectivo al disciplinar. 

No copie, simplemente, lo que aprendió sin un criterio claro del peso que Dios puso sobre sus hombros al colocar en sus manos la formación de esa herencia tan valiosa que es un hijo. La educación eficaz es un pro-ce-so. Toma tiempo. Es progresiva y paulatina.

Para educar hay que educarse y para disciplinar, hay que disciplinarse.

Que su hijo tenga miedo a las consecuencias de sus acciones, no a usted.

Deje de justificarse para seguir dando golpes. Mejor, invierta ese tiempo en aprender cómo ser un Padre Eficaz.

Acudir a los golpes para educar, es la forma más simple de mostrar inseguridad.

“Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” Proverbios 22:6