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Dentro de la dinámica familiar hay un aspecto de suma importancia que influye en gran manera en los comportamientos de los hijos: El sentido de pertenencia. 

 

Se refiere al nivel de seguridad que siente un hijo al ser parte del grupo familiar donde le tocó nacer o cohabita; cómo se siente en relación a los padres y con respecto a sus hermanos y qué tan amado y valioso es para ellos.

 

Todo ser humano desea y necesita sentirse importante, primeramente, por sus padres, quienes al ser figuras significativas y con las que se establece el vínculo primario afectivo le va diciendo al individuo «como te veo», «quién eres para mí». Esto es, el compromiso que los padres están en disposición de contraer con c/hijo, pues cada uno necesitará saberse valioso y sentirse validado. 

 

Si el hijo no se siente amado, valorado, respetado, no recibe lo que los padres deben darle o no lo siente así, buscará la manera de demandar, de cualquier modo. Querrá convencerse de que es importante para sus padres y si no lo logra a través de conductas adecuadas, recurrirá a comportamientos opuestos.

 

Ejemplo: si papá y/o mamá le abandonan o no se ocupan de ofrecer el apoyo debido buscará la manera de atraer su atención para ser tomado en cuenta. Estas manifestaciones dependen de varios factores: personalidad del hijo, nivel de madurez, tipo y/o intensidad de la falta o carencia de parte de uno o ambos progenitores.

 

Desarrollar un buen sentido de pertenencia contribuye con una óptima identidad y la construcción de una favorable autoestima y adecuado concepto de sí mismo, favoreciendo una buena manera para vincularse con los demás, en sus relaciones familiares y sociales. La tendencia será a dar lo mejor de sí, colaborar y mostrar conductas admirables y satisfactorias en su entorno porque se sentirá seguro; no amenazado de perder su lugar. 

 

Un hijo con un adecuado sentido de pertenencia tiende a sentirse importante y orgulloso por formar parte de su familia; asume compromisos, respeta la autoridad, contribuye con el bien común, es colaborador y se integrará favorablemente a otros espacios. Como su nivel de identificación en su entorno familiar le ofrece esa seguridad podrá usar el poder para ayudar a otros, confiará en sus capacidades y habilidades, será productivo y en lugar de llamar la atención sería tomado en cuenta por sus contribuciones, no por comportamientos desagradables.

 

Mediante el desarrollo de un sentido de pertenencia idóneo, la familia se convierte en generadora de vínculos afectivos sólidos, confianza y espacio seguro para el desarrollo de habilidades y capacidades. De lo contrario, sería un lugar impredecible para sus hijos en formación; donde pudieran sentirse vulnerables y de este modo verse movidos a ser reconocidos mediante comportamientos no provechosos.

 

En este sentido, evalúe cómo se relaciona con cada hijo para que identifique qué tan bien lo está haciendo, si debe mejorar o tomar medidas correctivas al respecto.

 

Personas Sólidas forman Familias Sólidas y estas construyen una Sociedad Sólida.

 

Betania Cruz Fernández⠀
Trabajadora Social
Máster en Terapia Familiar Sistémica
Coach Espiritual
Directora de «Familia y Terapia»⠀