La situación actual que está viviendo el mundo en torno al COVID-19, por su impacto psicológico, físico, social y ambiental, es considerado un desastre. 

Los desastres son eventos extraordinarios que pueden provocar muertes, lesiones físicas y sufrimiento humano. Estos generan situaciones de estrés colectivo y estados de crisis. Las mismas crean un estadio transitorio de alteración y desorganización de las personas. 

Toda crisis posee cuatro aspectos generales: primero, se trata de un evento fuera de lo común; segundo, se pierde el balance físico, psicológico, social, económico o ambiental de la persona o el grupo; tercero, para sobrepasar no se cuentan con los recursos propios necesarios, por lo que en último lugar se requiere de ayuda externa.

Efectos psicológicos de una crisis 

Las respuestas de las personas frente a crisis masivas se ven condicionadas a particularidades propias del individuo, las mismas se explican en tres etapas: antes, durante y después, las cuales no necesariamente se encuentran claramente delimitadas (Rodríguez, 2006).

Antes: Es la etapa preliminar, de acuerdo a cada individuo se puede experimentar miedo, tensión emocional colectiva, actitudes defensivas como la negación, actitudes provocadoras, falta de organización, conductas inactivas y excitación. 

Durante: Es la etapa en que transcurre el evento, se producen cambios neuroquímicos en el sistema nervioso central, que podrían perjudicar las respuestas inmunológicas. Dichos cambios podrían manifestarse como: temor paralizante, agitación desordenada, anestesia de los sentidos frente al dolor extremo, hipervigilancia, aturdimiento, falta de orientación y dificultad para pensar y tomar decisiones. 

Después: Se refiere a lo que acontece finalizado el desastre, se podrían sentir torbellinos de miedo y ansiedad, tristeza e ira; conductualmente, se podrían presentar: disminución del apetito, irritabilidad, conflictos relacionales, dificultad para conciliar el sueño e irregularidad, problemas para el desempeño de actividades cotidianas, incremento de los síntomas somáticos como dolores variados y pudiesen agravarse las condiciones físicas y mentales preexistentes. 

Conocer los efectos psicológicos de una crisis es importante para ayudarnos a comprender lo que podemos estar sintiendo, así como normalizar actitudes, sentimientos y conductas que podemos presentar. Es por ello que estar conscientes de que esperar psicológicamente nos ayuda a mantenernos alertas de nuestro desarrollo emocional y a tomar la decisión de buscar ayuda profesional si lo vemos conveniente. 

Lo que sí está en nuestras manos:

Ante una situación de crisis masiva donde se está viviendo un estrés colectivo y en cuarenta, aislados y fuera de nuestras rutinas, existen actividades que podemos realizar que están enfocadas a aumentar el control de nuestras vidas en momentos de incertidumbre, con el fin de reducir las posibles secuelas psicológicas. Estas son:

  • Limitar la información: es importante estar informados de lo que está sucediendo en el mundo, en nuestro país y ciudad en torno al coronavirus, pero hay que tener mucho cuidado con la información, por lo que se recomienda escuchar exclusivamente boletines oficiales de fuentes verídicas 1 o 2 veces al día como máximo. 
  • Establecer límites: aprender a poner límites a la angustia colectiva, en situaciones como esta vemos que muchas personas se enfocan en divulgar sólo la información negativa, mandan videos, audios y boletines de todo tipo a todas horas. En este sentido es importante pautar nuestros límites y protegernos de dejarnos invadir de la angustia ajena. Esto lo podemos hacer comunicándose directamente a la persona que no nos envíe información relacionada al CODIV 19 (ya que tenemos nuestra propia fuente) o no abriendo los mensajes relacionados. 
  • Hacer nuevas rutinas: Las crisis dan la oportunidad de reorganizarse, es por ello que este momento es preciso para llevar a cabo nuevas rutinas dentro del hogar: por ejemplo de limpieza, cocinar, deportes, etc.).
  • Fomentar nuestro espacio personal: el hecho de que estemos en cuarenta junto a nuestras familias, no quiere decir que debemos renunciar a la pérdida de nuestra autonomía. Es por ello que procurar un espacio y momento para estar con nosotros mismos haciendo algo que nos gusta es fundamental para preservar nuestra salud mental. 
  • Ejercicios: realizar ejercicios no solo ayuda a mantener el cuerpo activo durante este periodo de receso social, sino que tiene múltiples beneficios como reducir la ansiedad y funge como un antidepresivo natural. Lo ideal es hacer mínimo 25 minutos al día de un ejercicio cardiovascular.
  • Realizar actividades en familia: aprovechar el tiempo en familia para conectar y crear intimidad emocional. Los momentos en familia donde se realizan actividades juntos ayudan a fortalecer los vínculos, crean armonía y mejoran la conexión. 
  • Apoyarte en tu red social: es importante mantener el contacto con tus seres queridos, dedica tiempo a llamar por teléfono o video a tus amigos y familiares, de traerte hablando de temas de interés común, tales como: deportes, hobbies, planificar actividades en común luego de que el riesgo pase o juegos online. 
  • Orar: Sin importar de la religión que seas, es importante depositar nuestra confianza en algo superior a nosotros, sobre todo en momentos donde lo que está sucediendo no está bajo nuestro control. 
  • Ejercicios de respiración: nuestra respiración está directamente relacionada a nuestro sistema nervioso central, a través de la respiración podemos lograr calmarnos y sentirnos más conscientes del presente. Es por ello que realizar rutinas de respiración consciente es ideal en momentos como estos. Si no sabes cómo hacerlo puedes descargar aplicaciones o videos en YouTube donde te enseñan a realizarlas. 

Es normal que ante esta situación nos sintamos temerosos, preocupados y con ansiedad ante la incertidumbre. Recuerden que todo está condicionado por nuestros pensamientos y estos a su vez conectados a nuestras emociones, es por ello que es una prioridad cuidar lo que pensamos. Si estamos sintiendo que nos ahogamos en pensamientos negativos, debemos recurrir a un profesional de la salud mental.

 Por último y no por ello menos importante debemos ser conscientes de que todo es temporal, esto nos ayudará a mantener la calma y no dejarse sobrepasar por la situación actual. Bajo esta circunstancia, apegarnos a la ley de un día a la vez es lo ideal, enfocarnos en el presente será la mayor fuente de paz.

 

 

Camille Gutiérrez Psicóloga Clínica
Máster en Intervenciones en Crisis y Traumas.
Máster en  Psicología de la Intervención  Social.
Camil_gutierrez00@hotmail.com