Los niños, en su proceso de desarrollo llegan a la edad de 2 años teniendo una mayor capacidad para irse independizando. Esta capacidad les hace rebelarse ante muchas de las directrices de los adultos, es decir, como van alcanzando mayor madurez y ya no son tan inocentes e indefensos como cuando eran bebés, empiezan a hacer notar que «pueden» dentro de su pequeño mundo.  Esta madurez les hace sentir que son más competentes y autónomos y que son capaces de enfrentarse por sí solos a ciertas situaciones. Comienzan a querer demostrar esto a los padres, con actitudes como:

-Dicen «no» con frecuencia, como señal de que pueden por sí mismos (vestirse, elegir su ropa, etc)

-Dicen: «Yo solito, yo solito», queriendo decir: «dame la oportunidad de demostrarte que yo puedo»

-Gritan o chillan cuando no son complacidos. Es la expresión de disgusto más conocida que tiene un niño de 2 a 3 años.

-Protestan con mucha frecuencia. Porque con mucha frecuencia, quieren hacer lo que les place.

-Establecen «lucha de poder» con los adultos. Esto es; mientras el adulto se resiste a complacerle, se muestran más determinados.

-Usan mecanismos de defensa o ataque; mordiendo, pegando o pataleando, cuando se les contradice. Como se saben indefensos, usan sus propios cuerpos como sus «armas» para salirse con las suyas y/o conseguir ser complacidos.
Estos comportamientos serán más intensos dependiendo de dos aspectos:

-Temperamento del niño (Si es de temperamento colérico o de voluntad firme, sus actitudes de obstinación serán más frecuentes o intensas).
-Manejo de los padres ante sus reacciones.

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Estas conductas que desestabilizan a los padres porque de repente el niño se resiste, cuando antes no lo hacía, es una conducta normal de afirmación del «yo».

Sentimientos que producen las rabietas en los padres: Ira, sensación de provocación y de que su autoridad se ve amenazada.
La reacción común de los padres: Tendencia a ofrecer/dar golpes o rendirse.
Respuesta del hijo ante esta actitud de papá o mamá: Intensifica la hostilidad aumentando la sensación de reto a la autoridad de los padres.

Si bien es cierto que este comportamiento poco dócil es normal de los dos a los tres años, no significa que deben ignorarse las conductas inadecuadas, pero tampoco los padres deben actuar con hostilidad.

Para ello tome en cuenta estas recomendaciones:

  • Primeramente, procure entender que estas actitudes son parte de una etapa normal que será superada. Siendo así podrá ser más tolerante y menos exigente con querer lograr a la perfección la cooperación del niño, en TODO momento.
  • Sea flexible.
  • Evite castigar. Es preferible ignorar en el momento más intenso, siempre y cuando su conducta no represente peligro para él o para otros. Si es así, retire al niño del área. (Aunque sea en contra de su voluntad). No pretenda darle un «discurso», no le oirá, ni le obedecerá. Simplemente, tómelo en sus brazos y apártelo del lugar.
  • Siempre que sea posible, no interrumpa sus actividades (es cuando más aparecen estos episodios de rebeldía)

Por ejemplo: si está en la bañera felizmente jugando, en vez de sacarlo, repentinamente, avise que eso va a suceder y dígale: “se está acabando la hora del baño” “¿quieres un ratito más?”, seguro estará de acuerdo con quedarse un tiempo más. Pasados unos minutos saldrá de la bañera sintiendo que él ha decidido la hora de salir. Estos niños necesitan sentir que están en control de ciertas situaciones, sobre todo las que tienen que ver con sus antojos.

  • Con anticipación, explíquele porqué debe llevar a cabo alguna actividad. Ej.: «Ahora es necesario que recojas tus juguetes, porque ya terminaste de jugar. Ven, guárdalos en el canasto»
  • Estimule sus cooperaciones en tono amable: Ej.: «Ya estás creciendo! eres capaz de recoger tus zapatos, solito/a.…te felicito!»
  • Procure que haga lo que le pidió, dando seguimiento: Ej.: «Pon el chocolate donde lo encontraste, vamos». Haga que suceda.
  • Plantéele distintas opciones a elegir: Ej.: “¿quieres fresa o quieres naranja?”.
  • Cuando le ordene hacer algo sugiera otra actividad de agrado para el niño Ej.: «Vamos a recoger los juguetes y después vamos a ver los muñequitos que te gustan».
  • Refuerce siempre las conductas positivas. Dígale algo cariñoso, ya sea de modo verbal, con un beso o una caricia.
  • Ante un berrinche, procure distraerle. Tómelo en brazos y llévelo a otra área, mientras le habla o le canta, de modo que disipe su atención.
  • Si el niño está en lugar seguro, no se deje impresionar por la rabieta e ignórelo lo más que pueda. Retirarse del lugar debilita la intensidad de la misma o la hace desaparecer.
  • Ante una pataleta, no lo mande a callar. No es el momento para que lo consiga. Si está en un lugar público, procure salir de allí o retírese a un espacio menos concurrido, hasta que pase el alboroto.

Y lo más importante; cuando su hijo haga una rabieta no responda con otra. Demuestre control y calma.

  • Las rabietas, como formas intensas de expresión de una frustración, a veces se vuelven angustiosas para el niño. ¡No debe decirle frases como “eres malcriado!”, “si te pones así, ya no te quiero”, etc.
  • No se deje turbar por los gritos, ni por la presión social o el «qué dirán». Haga lo que tenga que hacer.
  • Hacia los dos años los niños son capaces de pensar y recordar con más claridad, relacionan mejor lo que hacen con lo que se les dijo que hicieran.
  • Si su hijo pretende patalear o manotear y esto le agrede, sujétele sus piernas o brazos, de modo que entienda que así no se resuelve el enojo o la frustración.

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Pasada la rabieta, tan pronto haya vuelto la calma, siéntese con él y mirándole a la cara, dígale: «A mamá no le gustó que estrellaras el plato. Eso no se hace», «A papá no se le pega», «Los amiguitos se cuidan, no se muerden». Así el niño aprende a regular sus conductas y a entender que ciertos comportamientos no son aprobados.

Esto no significa que, necesariamente, las rabietas desaparecerán del todo o muy rápido, pero le va enseñando al niño que existen pautas de convivencia y que hay un espacio a su alrededor que merece ser respetado. De esta forma va aprendiendo que hay límites y reglas sociales. En definitiva, es lo que usted pretende con la buena educación.

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