Los niños tienden a mentir.  Usan la mentira como mecanismo para defenderse de alguna experiencia que les puede afectar negativamente. Normalmente, mienten por temor a enfrentar los efectos que supone decir la verdad.  Antes de los cinco años (edad aproximada) es posible que los niños digan cosas que tienen que ver con su mundo de fantasía, sin que haya una intención de mentir plenamente consciente. Es más, o menos a partir de esa edad cuando pueden empezar a mentir. En ese momento ya son conscientes de ser personas diferenciadas de los otros, con mente y pensamientos propios, que pueden o no compartir con los demás. Mentir conlleva ponerse en el lugar del otro y pensar qué quiere y qué no quiere oír.

Lying is, in truth, a milestone of normal child development and starts as early as age 2.

Posibles razones específicas:

  • Evitar un «no».
  • Tratar de no recibir un castigo o consecuencia a su mal comportamiento.
  • Negar alguna responsabilidad.
  • Evitar el enojo de sus padres y temor a ser sancionados.
  • Procurar sentirse valorados al aparentar ser los «héroes» de alguna situación.
  • Protegerse de cuestionamientos que pongan en evidencia una falta.
  • Mecanismo de defensa cuando la autoestima se ve comprometida o amenazada.
  • Defenderse de una realidad que puede ser dolorosa para ellos.
  • Baja autoestima o inseguridad.
  • Preocupación porque los adultos dejen de tener una buena imagen de ellos.
  • Para ser aceptados, no rechazados.

Ahora bien, cuando las mentiras se vuelven recurrentes y sistemáticas, es señal de que hay un problema emocional al que hay que ponerle más atención. Es posible que haya un problema con uno de los padres y las mentiras busquen satisfacerles, ilusoriamente o si el niño se ve sometido a un estilo de disciplina autoritario, puede usar la mentira como mecanismo para evitar la crueldad de un castigo o actitud grosera e incomprensible de uno de los padres. La manera como el adulto (padres, maestros, figuras de autoridad) maneje la situación, puede tener mucho que ver con la forma en que el menor reaccione. Si siente horror por esto, la posibilidad de mentir va a aumentar.

Si el padre o la madre son muy insistentes y “quieren saberlo todo”, las mentiras serán para los niños una forma de “auto protegerse”, al ser invadidos sus espacios. Tanto en niños como en adolescentes, las mentiras tienen que ver con tratar de evitar una consecuencia o tratar de conseguir un beneficio.

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¿Qué pueden hacer padres si descubren que sus hijos mienten?

Es fundamental hacerles saber la importancia de decir la verdad. Decir la verdad supone hacerse cargo de sus acciones y asumir la responsabilidad de las mismas. Para esto use una forma calmada y que provea confianza y seguridad, no amenaza.

Los adultos son, inevitablemente, un ejemplo para los hijos, por lo que es importante hacer lo mismo que se les pide a ellos. Ser coherentes con lo que se dice y se hace es una enseñanza fundamental para que los niños sepan a qué atenerse; les da seguridad y confianza. Esto es algo que va más allá del tema de las mentiras: supone no decir cosas que no pueda o no vaya a cumplir. Para lograr esto, hay que mostrar ciertos hábitos de conducta y darles ejemplo.

Una vez que se ha descubierto la mentira o entienda que están mintiendo, es importante que haya posibilidad de reparación (que puedan disculparse y pedir perdón) y también pensar sobre los motivos de por qué lo han hecho.

Con los niños más pequeños, será importante explicarles que mentir está mal, pero que eso no significa que sean malos.

Es peligroso que el hijo se dé cuenta de que alterando la realidad obtiene un beneficio, porque así aprende a decir mentiras para evitar sus responsabilidades, y de adolescente engañará para probar sus propios límites y salirse con las suyas.

Es importante identificar si detrás de esas mentiras se esconde algún problema de tipo emocional o si existe malestar. De ser así, y si los padres consideran que es necesaria una ayuda, consultar a un profesional para que evalúe la situación.