La confianza es uno de los elementos más importantes en la relación de pareja, sea noviazgo o matrimonio, ya que le dá sostenimiento al vínculo.

Para una relación permanecer sólida, requiere de esta condición.

La confianza es la firme convicción y seguridad que tiene una persona, con respecto a la otra, de que algo suceda, sea o funcione. De que será capaz y deseará actuar de manera adecuada en una determinada situación y desde sus pensamientos; sobre todo cuando aparecen estímulos que pudieran ponerla en riesgo. Y es que la confianza comienza en la forma de pensar; donde se desecha lo inadecuado y se preserva lo que contribuye a su establecimiento. Será reforzada en función de las acciones y los frutos que de ella se derivan, porque está amparada en expectativas futuras.

 

Confiar en el otro es ver notables muestras de compromiso y transparencia. Ambos necesitarán sentirse confiados e invertir en ella. Todo, por afianzar el sentido de unidad y preservación de la relación.

Poner límites, decir «no», decidir con asertividad, escoger decisiones sanas, abandonar lugares o relaciones que no agregan valor, en lo personal, son de las medidas que cuidan la confianza y la fortalecen.

Muchas parejas se han propuesto cuidar este aspecto de su relación, mientras otras no lo ven como relevante; corriendo mayor riesgo de que se quiebre.

Cuando la confianza no es sólida se debilita este pilar que debe sostener y preservar el noviazgo o el matrimonio, pues en lugar de producir tranquilidad y paz en el otro, genera ansiedad y desasosiego.

 

Cuándo se pierde la confianza?

 

Cuando uno traiciona al otro. Ejemplo: siendo infiel. Esto produce una gran herida emocional que costará mucho recuperar.

Unas parejas deciden separarse, sobre todo cuando el que traicionó no dá muestras fehacientes y contundentes de cambio.

Cambiar se puede, pero amerita determinación y firme decisión; asumir la falta y enmendarla, sin titubeos.

La tendencia de muchas parejas, luego de una infidelidad es decirle al otro:

«Lo lamento»

«Fue un desliz»

«No volverá a pasar»

«Perdóname»

 

La persona herida puede acceder a ese perdón y quien traicionó pedirle, ya que me perdonaste:

«No hablemos más de esto»

«Vamos a empezar desde cero»

«Vamos a hacer como que nada sucedió. Ye te pedí perdón!»

«Jamás mencionaremos este tema»

Sin embargo, ninguna de estas propuestas serán útiles.

Quien ha sido traicionado necesitará, esencialmente, convencerse con más arraigo de que no volverá a suceder, pues la relación se quebró significativamente, quedaron heridas profundas y daños severos en la relación.

 

La confianza NO se recupera con palabras o promesas.  Al dejar de ser efectivas las palabras, ahora los hechos concretos son los que valen.

Debe haber, no remordimiento, sino arrepentimiento genuino:

*Reconocer la acción cometida: «Yo fuí infiel».

*Lamentar el daño ocasionado a la pareja, explícitamente: «Sé que lo que hice ha producido en tí un profundo dolor».

*Renunciar, en el futuro, a toda acción que vuelva a poner en riesgo la relación.

 

Todo estímulo que represente peligro será desechado, con firmeza.

Romper todo vínculo con la persona con quien se ha sido infiel, de manera radical y dejar todo coqueteo con alguien más.

No debe haber otra infidelidad. Ahí se rompería, definitivamente, la relación.

Y es que si resulta tan costoso recuperar la confianza, aún con dudas; otra traición no sería sostenible.

 

Es fácil?: NO!

Se puede?: SÍ!

 

“Familias Sólidas”
Por Betania Cruz
Trabajadora Social y Terapeuta Familiar.