Para una relación permanecer sólida, requiere de esta condición.

La confianza es uno de los elementos más importantes en la relación de pareja, sea noviazgo o matrimonio, ya que le dá sostenimiento al vínculo.

 

La confianza es la firme convicción y seguridad que tiene una persona, con respecto a la otra, de que algo suceda, sea o funcione. De que será capaz y deseará actuar de manera adecuada en una determinada situación y desde sus pensamientos. Sobre todo cuando aparecen estímulos que pudieran ponerla en riesgo. Y es que la confianza comienza en la forma de pensar; donde se desecha lo inadecuado y se preserva lo que contribuye a su establecimiento. 

Será reforzada en función de las acciones y los frutos que de ella se derivan, porque está amparada en expectativas futuras.

 

Confiar en el otro es ver notables muestras de compromiso y transparencia. Ambos necesitarán sentirse confiados e invertir en ella. Todo, por afianzar el sentido de unidad y preservación de la relación.

Poner límites, decir «no», decidir con asertividad, escoger decisiones sanas, abandonar lugares o relaciones que no agregan valor, en lo personal, son de las medidas que cuidan la confianza y la fortalecen.

 

Luego de la confianza surge el amor. Éste es resultado de ella, pues ha implicado el convencimiento de que se puede «descansar» en el otro y así la inversión emocional va en aumento.

 

La confianza inicia en la infancia. Tiene que ver con la estabilidad y predecibilidad del vínculo con las figuras más significativas del individuo: papá y mamá. Con la madre se instalan las primeras experiencias de confianza a través de ese contacto materno desde el nacimiento, pues mamá amamanta, alimenta al bebé y le cuida y luego es reforzada por las muestras de papá: presencia, provisión, afectos, etc. así como de ambos padres, siendo aceptado, reconocido y validado mediante los buenos tratos. 

Estas experiencias construyen la Confianza Básica, esencial para desarrollarla en las demás relaciones y una de ellas es hacia la pareja.

Muchas parejas se han propuesto cuidar este aspecto de su relación, mientras otras no lo ven como relevante; corriendo mayor riesgo de que se quiebre.

Cuando la confianza no es sólida se debilita este pilar que debe sostener y preservar el noviazgo o el matrimonio, pues en lugar de producir tranquilidad y paz en el otro, genera ansiedad y desasosiego. 

 

Cuándo se pierde la confianza?

 

Cuando uno traiciona al otro. Ejemplo, siendo infiel.

Produce una gran herida emocional que costará mucho recuperar.

Unas parejas deciden separarse, sobre todo cuando el que traicionó no dá muestras fehacientes y contundentes de cambio. Cambiar se puede, pero amerita determinación y firme decisión; asumir la falta y enmendarla, sin titubeos. 

Quien ha sido traicionado necesitará, esencialmente, convencerse con más arraigo de que no volverá a suceder, pues la relación se quebró significativamente, quedaron heridas muy profundas y daños severos en la relación.

La tendencia de muchas parejas, luego de una infidelidad es decirle al otro:

«Discúlpame»

«Lo lamento»

«Fue un desliz»

«No volverá a pasar»

«Perdóname», etc.

 

La persona herida puede acceder a ese perdón y quien traicionó pedirle, ya que me perdonaste:

 

«No hablemos más de esto»

«Vamos a empezar desde cero»

«Vamos a hacer como que nada sucedió. Ye te pedí perdón!»

«Jamás mencionaremos este tema»

Sin embargo, ninguna de estas propuestas serán útiles. 

Sin embargo, ninguna de estas propuestas serán útiles.

 

Quien ha sido traicionado necesitará, esencialmente, convencerse con más arraigo de que no volverá a suceder, pues la relación se quebró significativamente, quedaron heridas muy profundas y daños severos en la relación.

 

La confianza no se recupera con palabras o promesas de honestidad. Al dejar de ser efectivas las palabras, ahora los hechos concretos son los que valen.

Debe haber, no remordimiento, sino arrepentimiento genuino: 

  • Reconocer la acción cometida: «Yo fuí infiel».
  • Lamentar el daño ocasionado a la pareja, explícitamente: «Sé que lo que hice ha producido en tí un profundo dolor».
  • Renunciar, en el futuro, a toda acción que vuelva a poner en riesgo la relación. Todo estímulo que represente peligro será desechado, con firmeza.
  • Romper todo vínculo con la persona con quien se ha sido infiel, de manera radical y dejar todo coqueteo con alguien más.

 

No debe haber otra infidelidad. Ahí se rompería, definitivamente, la relación. 

Y es que si resulta tan costoso recuperar la confianza, aún con dudas; otra traición no sería sostenible.

Una pareja pudiera mantenerse junta en medio de una infidelidad tras otra, pero no sustentada en la confianza verdadera. Además, el tema será «rumeado» una y otra vez, hasta producir un desgaste emocional, severo. Estarían juntos, pero no satisfechos, ni plenos.

 

Una pareja que ha experimentado infidelidad y decide rehacer su relación, deberá buscar ayuda terapéutica, pues solos no podrán superar la intensidad de esta crisis.

Necesitan acompañamiento, herramientas y seguimiento por un período importante. 

Hay requisitos que deberán cumplir y hacer cambios desde ambas posiciones. 

Deberán agotar un proceso de sanidad personal y relacional. 

Es fácil?: NO!

Se puede?: SÍ!

 

 

«Familia y Terapia»

Por Betania Cruz.